
Nacido en Santa Lucía (Canelones, Uruguay) , el abuelo Aroldo ( sin hache porque los padres eran italianos) fue una figura sin par, con todas las bondades del abuelo, amigo, compinche, a veces incluso cómplice. Cuando yo tenía ocho años me llevó a La Floresta a pasar unos días, con su amigo Nicolau - chef de cocina - que me enseñó a recoger piñones y después hacer con ellos unos buñuelos que aún los recuerdo. En una de sus siestas le robé un cigarrillo Caporal y me agarré un "pedo" que ni te cuento. El abuelo era también un gran cocinero, aún recuerdo sus estofados dominicales, con pasta, con vino Faraut, que por cierto a mí no me dejaban tomar. Tal vez casualidad, tuve - por mi rama materna - un tío Haroldo (éste ya con hache), otro que merecería un espacio en éste lugar, que cuando yo tenía diez años me preguntó si quería ir al velorio del abuelo. Le dije que sí. Se lo agradeceré toda la vida. Fui, lo ví muerto en su cama. Lo besé. Y me quedé con la idea de que ya jamás lo volvería a ver, pero con el recuerdo imborrable de todas las horas que pasamos juntos. Lo llevaré conmigo toda la vida. Mi hijo, que nació exactamente 100 años después que él, lleva como homenaje el nombre de Leandro Aroldo.

4 comentarios:
Disfrutamos estas notas autobiográficas llenas de espontaneidad y cariño.
Nos entusiasma ver como "Editoriales" se transforma en un espacio de verdadera comunicación.
Como siempre mi amigo, mi hermano Ricardo dándome ánimo. Es un grande, visítenlo en ENTRE LA IMAGINACIÓN Y LA REALIDAD, verán como el mundo tiene siempre dos caras y el espejo es solo una imaginación nuestra...
PD:
Escribí en plural no por solemnidad, si no porque lo leímos con Leo, que le gustó mucho lo del "Abuelo Aroldo". Un Abrazo.
Nada
Publicar un comentario