
Nuestra sociedad se encuentra – entre otras divisiones – fraccionada entre los convencidos que la muerte existe, los que dudan y unos pocos salvajes que creen que con el adelanto científico, eso de la muerte es cosa del pasado.
De éstos últimos hemos tenido un claro ejemplo en los últimos días, un individuo que mata al médico que asistió a su esposa portadora de un cáncer.
Si bien desconozco los pormenores de la cosa, es increíble que alguien crea que un médico pueda promover la muerte de alguien, o ser el autor, en complicidad indisimulada con esa terrible enfermedad.
Resulta peor, verlo desde la óptica del viudo matador. Matando a ese médico se resuelve el problema.
La sociedad (con médicos incluidos) deberá revisar su actitud frente al actuar médico. Y por cierto los médicos debemos reflexionar acerca de nuestro compromiso con esa sociedad que nos reclama, cada vez más. Sin perder de vista que: la muerte existe y nos espera a cada uno de nosotros. Y que cada paciente tiene derecho a saber lo que le espera por la enfermedad que sufre y cuanto le puede ofrecer la medicina.
Pido un profundo respeto por el Dr. Gaudín, de Salto, a quien no conocí pero de alguna forma nos representó a todos en su muerte.
Dr. Daniel Maglia